| Revista de la Renovación Carismática Católica de Cuba |
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El Sol que viene de lo alto... |
| En varias ocasiones, al entrar a una iglesia, parroquia o capilla, en algún momento en el que no se
está celebrando la Santa Misa, he ido a saludar al Señor en el sagrario, y he visto con tristeza
cómo otros católicos han entrado y siguen de largo, o se ponen a conversar, y también están
las personas que van a ver las imagenes de los santos y ni se detienen ante el Santísimo. Entonces viene a mi mente la Palabra del Señor: “Presten oídos a mis palabras, y vengan a mí: Escuchen, y su alma hallará vida y asentaré con ustedes alianza eterna...” (Isaías 55,3). “Vengan a mí todos los que andan agobiados con trabajos y cargas, que yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán el reposo para sus almas” (Mateo 11,28-29). En una ocasión, unos jóvenes que habían estado en muy malos pasos y metidos en drogas fueron buscando ayuda con el hermano Carlo Carreto. El cuenta que después de oirles, sólo les dio una receta: `Vayan durante un mes seguido una hora frente al sagrario y déjense bañar por los rayos de Jesús´. El hermano nos cuenta que fueron liberados totalmente de sus vicios y quedaron totalmente transformados. En lo único que se equivocó -dijo-, fue en el tiempo, pues mucho antes del mes ya habían cambiado. En el cántico de Zacarías hay una frase que a mí me gusta mucho: “por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas, y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. (Lucas 1, 78-79). ¿quién es ese sol que nace de lo alto? Jesús. Sólo Él es el que nos puede salvar, transformar, sanar, y llenar de su paz. Y ¿no es algo extraordinario que esté siempre a nuestro alcance en ese sacramento de amor que es la Eucaristía, para alimentarnos, para bañarnos con sus rayos y darnos su salud? No desaproveches, querido lector, esa riqueza que está al alcance de tu mano. Acostúmbrate a estar a menudo algunos ratos ante el sagrario y háblale a Jesús, abre tu corazón y déjate iluminar por los rayos del “Sol que viene de lo alto”. Diác. Luis F. Entrialgo P. |